Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí; Juan 5:39

¿Porqué Dios ordenó la destrucción de Amalec?

{ Por agenol.medina@gmail.com }

{ abril 2026 }

Introducción

A lo largo de la Biblia encontramos varias situaciones que nos pueden inspirar, como la creación del mundo y de la humanidad, el ángel deteniendo la mano de Abraham para rescatar a Isaac, el amor de José al perdonar a sus hermanos por haberlo vendido como esclavo, o la valentía de la reina Ester al arriesgar su vida procurando la salvación de su pueblo. Igualmente, hay relatos que generan confusión, como el asno de Balaam que hablaba o las visiones escatológicas de Juan el Vidente en Patmos. Uno de los pasajes que más confunde a los lectores bíblicos es aquel en el que Dios le ordena a Saúl destruir por completo a la nación de Amalec. ¿Qué pudo haber sucedido para que Dios ordenara la erradicación total de los amalecitas?

Un pueblo diferente

Los amalecitas fueron un pueblo distinto de los demás pueblos del Levante en los tiempos bíblicos. Según Strong [1], "Amalec" significa "habitante de un valle", mientras que Strong [2] lo define como "personas que lamen" y Fausset [3] lo describe como "un pueblo que lame hacia arriba". El Diccionario Bíblico de Easton [4] explica que "lamer" es llevarse a la boca la mano llena de agua para beberla. La identidad de los amalecitas es debatida. Morrish [5] señala que existe cierto grado de confusión en la forma en que se presentan los amalecitas en Génesis. La primera referencia conocida de los amalecitas se encuentra en Génesis 14. En este pasaje, Moisés describe una campaña militar de Quedorlaomer, rey de Elam, y sus aliados contra los reinos vasallos en Canaán, acontecida en los días de Abraham antes del nacimiento de Isaac y Esaú. El relato bíblico indica que Quedorlaomer conquistó territorios que, siglos más tarde, ocuparían los amalecitas (v. 7). No queda claro si todo lo que leemos sobre ellos se refiere a los descendientes de Esaú explícitamente o si fue un pueblo más antiguo que se fusionó con ellos. Cabe señalar que los amalecitas no eran de origen cananeo.

Origen debatido

No todos los eruditos bíblicos están de acuerdo sobre los orígenes de los amalecitas. Algunos creen que no estaban relacionados con Israel. Hastings [6] presenta la idea de que los amalecitas no tenían relación alguna con Israel y los describe como una tribu que vagaba por la región desde la frontera sur de Judá hasta la frontera egipcia y la península del Sinaí, desde antes del Éxodo hasta la época de los reyes Saúl y David. Easton [7] concuerda con Hastings y considera que probablemente fueron una tribu nómada que emigró del Golfo Pérsico y se estableció en Arabia. Según este autor, "habitaron en la tierra del sur... desde Havilah hasta llegar a Shur" (Números 13:29; 1 Samuel 15:7). Esta descripción coincide con algunas referencias bíblicas acerca de ellos. Easton también explica que sus reyes llevaban el nombre hereditario de Agag (Números 24:7; 1 Samuel 15:8), de manera similar a títulos dinásticos como "Faraón" en Egipto en el Antiguo Testamento, "César" en Roma y "Herodes" en el Nuevo Testamento.

Otros eruditos bíblicos creen que los amalecitas estaban relacionados con Israel. Fleming [8] los identifica como descendientes de Esaú (Génesis 36) y los describe como un pueblo de nómadas salvajes del desierto, dispersos en un área que se extendía desde el extremo sur de Canaán a través de la península del Sinaí. Butler [9] coincide con esta perspectiva y especifica que los amalecitas son los descendientes de Amalec, el nieto de Esaú, quien habitaba en el árido desierto del noreste de la península del Sinaí y el Négev. Siguiendo a Fleming y a Butler, aceptamos que los amalecitas eran descendientes y seguidores de Amalec, nieto de Esaú, hermano de Jacob. Según Jamieson, Fausset y Brown [10], Amalec era hijo de Elifaz, hijo de Esaú; por tanto, los amalecitas eran parte de la descendencia de Abraham y estaban llamados a crecer en el conocimiento, la adoración y el temor del Dios de Abraham. Lamentablemente, Esaú no valoró su relación con Dios durante su juventud y vendió su primogenitura y su participación en la promesa de Dios a su hermano Jacob; hechos de los que luego se arrepintió profundamente. Así, los edomitas -entre los que se incluían los amalecitas- decidieron abandonar al Dios de Abraham, es decir, el pacto que definía al pueblo de Dios. Los descendientes de Amalec se separaron del cuerpo mayoritario de los edomitas que vivían en la tierra de Edom y formaron un asentamiento independiente y autónomo en el desierto entre Egipto y Palestina, al sur de Judá hasta Cades (Números 13:29; Números 14:43).

El primer problema para Israel

Según Génesis 46, no hay referencia alguna a que Jacob y su familia hayan interactuado con los amalecitas antes de que se trasladaran a Egipto a petición de José. Tras cruzar el Mar Rojo (Éxodo 14), la caravana israelita llegó a Refidim y, ante la falta de agua, se quejó; Dios ordenó a Moisés golpear la peña de Horeb, de donde brotó agua para todos (Éxodo 17:1-7). Posteriormente, Israel se encontró por primera vez con los amalecitas en la región cercana al Sinaí (Éxodo 17:8). A partir de este momento, no hubo paz entre Israel y Amalec. El encuentro tomó a Israel por sorpresa cuando se percataron de que estaban siendo atacados por los amalecitas. Con el ataque a la retaguardia de la caravana, Amalec trató de impedir la entrada de esta nueva nación a la región. Ante un ataque innecesario y no provocado contra los miembros más débiles del campamento, Dios juzgó a los amalecitas y los condenó al exterminio (Éxodo 17:8-16).

Moisés no menciona explícitamente la razón del ataque; posiblemente hubo más de una causa. Con respecto a este ataque, Rand [11] indica que los israelitas acababan de cruzar el Mar Rojo cuando los amalecitas los atacaron en el desierto de Refidim y mataron a los que, por fatiga, edad avanzada o debilidad, estaban en la retaguardia de la caravana israelí. Fausset [12] sostiene que los amalecitas atacaron deliberadamente a la caravana para frustrar el plan de Dios con Israel; era el mejor momento para atacar, pues Israel todavía estaba débil y apenas se organizaba como nación después de su reciente éxodo de Egipto.

Al decir Moisés que Amalec «no temió a Dios» (Deuteronomio 25:17-18; LBLA) sus palabras cumplen una doble función: por un lado, caracteriza éticamente al agresor y, por otro, insinúa el trasfondo moral que hizo posible el ataque. En este sentido, la afirmación no opera únicamente como descripción, sino también como descalificación moral del adversario. Watson [13] sostiene que los amalecitas debieron anticipar que los israelitas invadirían y tomarían posesión de la tierra de Canaán, por lo cual resolvieron impedir esta reorganización geopolítica de la región mediante un ataque preventivo contra el campamento israelí, mientras aún estaba en el desierto y antes de que los israelitas pudieran organizarse en una nación fuerte. Clark [14] propone que no hay indicios de que los israelitas hayan provocado este ataque; los amalecitas parecen haberlos atacado con la esperanza de saquear el campamento y llevarse todo el botín que pudieran.

Otros comentaristas ven otras posibles razones adicionales para explicar el ataque de Amalec. Gill [15] señala que el ataque pudo deberse al antiguo rencor de los hijos de Esaú contra los hijos de Israel, a causa de la pérdida de la primogenitura y de la bendición que Jacob adquirió; la primera al aprovecharse del menosprecio de Esaú por su primogenitura y la segunda por engaño. Wesley [16] coincide con el rencor como causa del ataque y afirma que los amalecitas no atacaron al campamento de Israel como un enemigo digno, sino que atacaron vilmente la retaguardia de la caravana de los israelitas, pues -según el texto- "desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás" (Deuteronomio 25:17-18).

Por otra parte, Ellicott [17] presenta otro planteamiento sobre el ataque de los amalecitas. El comentarista propone que los amalecitas pudieran haber considerado la región del Sinaí como suya y como la parte más valiosa de su territorio, ya que había pastizales para su ganado. En ese sentido, los amalecitas pudieron haber pensado que, con la llegada de los israelitas en su rumbo a la tierra de Canaán, la caravana podría ocupar o arrebatarles algunas de las mejores tierras disponibles, poniendo en riesgo el control del resto del territorio. Desde esta perspectiva, el resentimiento ante la presencia y el desplazamiento de la caravana pudo haber motivado el ataque. Ante esta situación, Moisés y Josué organizaron un cuerpo de soldados y derrotaron a los amalecitas.

La reacción de Dios al ataque fue intensa y de gran severidad: "Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo." (Éxodo 17:14). La reacción tuvo repercusiones permanentes a lo largo de la historia, pues "Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación" (Éxodo 17:16). Henry [18] comenta que esto fue dejado por escrito para que Israel entendiera la severidad de la situación. Desde ese momento quedó definitivamente establecido que Israel, como nación, no podría hacer alianza alguna con Amalec, pues se trataba de un enemigo irreconciliable, con quien no cabía posibilidad de paz, y cuyo destino final -ya decretado por Dios- sería la ruina absoluta y completa, aunque su cumplimiento perteneciera al futuro. La destrucción futura de Amalec sería tipo de la destrucción de todos los enemigos de Cristo y su reino. Dios dejó claro a su pueblo y a los gentiles que todo aquel que le declara la guerra al Cordero será vencido por el Cordero. Es notable que, en la antigüedad, Dios trajo juicio a varias naciones por diversas razones, pero Edom y Amalec tienen en común que fueron erradicados por su falta de amor a su hermano Israel.

Un problema persistente para Israel

Este incidente no sería la última vez que los amalecitas atacarían a Israel. A partir de este incidente, los amalecitas siempre serían antagónicos hacia Israel y aprovecharían cualquier oportunidad para atacarlo o destruirlo, a pesar de ser una nación hermana. No sabemos con certeza la razón del odio de Amalec contra Israel, pero la verdad es que los amalecitas odiaron a Israel cuando este inició su avance hacia Canaán. Los amalecitas por sí solos no podían erradicar a Israel, de manera que brindaban su apoyo a las demás naciones cuando ellas pedían ayuda para atacar o combatirlo. De tener la oportunidad, los amalecitas estaban dispuestos a capturar israelitas. El próximo incidente se registra en Números 14. Los varones israelíes aptos para la guerra se dejaron intimidar por el informe negativo de diez de los doce espías de Moisés. Cuando el Señor los sentenció a cuarenta años en el desierto por su falta de fe al aceptar las recomendaciones de Josué y Caleb, algunos israelitas trataron de ocupar la tierra de Canaán sin el consentimiento de Dios. En esta ocasión, los amalecitas y algunos cananeos fueron el instrumento de Dios para castigar a estos varones. "Entonces descendieron los amalecitas y los cananeos que habitaban en la región montañosa, y los hirieron y los derrotaron persiguiéndolos hasta Horma" (Números 14:45).

Existen ejemplos de ocasiones en que los amalecitas estaban dispuestos a apoyar a otras naciones para atacar a Israel. No hay evidencia bíblica de si los amalecitas participaban voluntariamente o por sueldo, pero sí hicieron causa común contra Israel cuando este no cuidaba su relación con Jehová. Se nos dice que los israelitas volvieron a "hacer lo malo ante los ojos de Jehová" (Jueces 3:13). Esta apostasía nacional provocó que Jehová permitiera que Eglón, rey de Moab, hiciera alianza con los amonitas y los amalecitas para atacar a Israel. Esta alianza entró a Israel por el sureste, según Flemming [19], y llegó hasta la localidad de la ciudad de las palmas, es decir, el área circundante a las ruinas de Jericó, y se apoderó de ella. Así logró dominar a la tribu de Benjamín, porque Jericó quedaba en el territorio de dicha tribu, según señala Constable [20]. Eglón mantuvo sometido a Israel a servidumbre forzosa por dieciocho años, hasta que Dios levantó a Aod para que liberara a Israel de la opresión y asesinara a Eglón.

Los amalecitas regresan en la época de Gedeón (Jueces 6). Israel volvió a apartarse de los caminos de Jehová, y de nuevo la apostasía nacional provocó que Dios retirara su cuidado de Israel. En esta ocasión, se levantaron los madianitas con su inmenso ejército de 135,000 soldados (Jueces 8:10) contra Israel. Por siete años los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente subían contra Israel, y repetidas veces "destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban para comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos" (Jueces 6:4). Más tarde, en Jueces 7, los amalecitas volvieron con los madianitas a invadir, pero esta vez Dios llamó a Gedeón y sus 300 valientes (Jueces 7:6) y por medio de ellos los derrotó. Los amalecitas muestran que, generación tras generación, cualquier razón para ir contra Israel era bienvenida y aprovechaban cualquier oportunidad y cualquier aliado para atacarlo.

El rey Saúl guerreó repetidas veces con los amalecitas. En 1 Samuel 14:48, encontramos que Saúl derrotó a Amalec, pues saqueaban a algunos israelitas y eran un peligro para Israel. Finalmente, llegó el momento del juicio de Dios contra Amalec y fue hallado culpable de muerte. El Señor le habló al profeta Samuel sobre Amalec, y Samuel transmitió el mensaje del Señor al rey Saúl, informándole que llegó el momento de vengar a Amalec por lo que le había hecho a Israel cuando salió de Egipto. Las instrucciones de Dios eran "herir a Amalec y destruir por completo todo lo que tienen, y no perdonarlos" (1 Samuel 15:3). Se nos dice que el rey Saúl "destruyó por completo a todo el pueblo" (1 Samuel 15:8), pero por razones no conocidas, Saúl perdonó al rey Agag. Incluso, el ejército trajo algunas ovejas y bueyes.

La decisión de preservar con vida a Agag constituyó una desobediencia de extrema gravedad que requirió corrección. La muerte de Agag viene a manos del profeta Samuel, quien, según propone Coffman [21], lo más probable es que él mismo haya ordenado su ejecución para que se cumpliera la ley de las cosas consagradas a Dios en Levítico 27:28-29. La desobediencia de Saúl provocó su rechazo como rey de Dios para Israel. Su sucesor ungido fue el rey David, y esto creó la casa real que traería al Mesías.

Aunque el texto bíblico afirma que "destruyó por completo a todo el pueblo", la evidencia bíblica demuestra que por razones que el relato no aclara, algunos amalecitas no estaban en la batalla. Esto se confirma cuando leemos que: "Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto." (1 Samuel 27:8).

Algún tiempo después, hubo suficientes amalecitas para atacar a la ciudad de Siclag; le prendieron fuego y se llevaron cautivos a las familias de David y de sus hombres (1 Samuel 30). Cuando David descubrió lo que había sucedido, consultó con el Señor y este le dijo que atacara a Amalec. Tan pronto David y su ejército alcanzaron a Amalec, ambos bandos combatieron sin tregua desde el anochecer hasta la tarde siguiente. Al ver que David y sus hombres prevalecían contra ellos, cuatrocientos jóvenes amalecitas decidieron huir temiendo por sus vidas. David y sus hombres recuperaron todo lo que los amalecitas habían saqueado. No faltó nada, y ninguno de los habitantes de Siclag perdió la vida durante toda la prueba (1 Samuel 30:18-19). Si Saúl hubiera cumplido lo que Dios le había ordenado, esto nunca hubiera ocurrido.

Habiendo escapado casi de la muerte a manos de David, el linaje del rey Agag continuó vivo y pareció desaparecer de la historia. Cientos de años más tarde, la desobediencia de Saúl se manifestó en la aparición de Amán el amalecita, "Amán hijo de Hamedata agagueo" (Ester 3:1), quien trató de exterminar a todo el pueblo judío (Ester 3:6). Coffman [22] cita Flavio Josefo al decir que Amán era descendiente de Agag y de ahí su linaje de agagueo. Trapp [23] describe a Amán como de linaje real de los amalecitas y enemigo natural de los judíos.

Amán no toleraba a un oficial de la corte, Mardoqueo, quien era descendiente de Cis, de la familia del rey Saúl. De acuerdo con Kitto [24], Mardoqueo parece haber ocupado algún cargo en la corte porque lo encontramos presente allí diariamente. Posiblemente, a través de este empleo se enteró de un complot de dos de los chambelanes para asesinar al rey, información que llegó al rey por medio de Ester (Ester 2:22-23). Mardoqueo se rehusaba a arrodillarse o humillarse al inclinarse ante Amán. Según Watson [25], algunos piensan que la razón fue porque Amán era amalecita.

Morrish [26] aclara que Dios había maldecido a destrucción a los amalecitas debido a los daños que les habían hecho anteriormente (Deuteronomio 25:17-19). Hawker [27] insinúa que el orgullo de Amán fue la verdadera razón de su caída. A pesar de gozar de la gloria y las riquezas de la corte de Persia, de tener una multitud de hijos (Ester 5:9-14) y disfrutar del favor del rey tan grande que ninguno de los príncipes podía jactarse, Amán permitió que la soberbia dominara su juicio. Su orgullo lo cegó de tal manera que los planes que creó para la destrucción de Mardoqueo fueron los instrumentos de su propia muerte.

El rey Saúl no cumplió el mandato divino y dejó vivo al rey Agag. Puede observarse que la desobediencia de Saúl casi resultó en el genocidio de Israel. De la duradera amenaza de los amalecitas se desprende que, aunque pudiera pensarse que desobedecer al Señor solo afecta a quien desobedece, el pecado individual puede tener consecuencias de gran alcance que pueden perjudicar a muchísimas personas a lo largo del tiempo.

"los hijos de la carne" y "los hijos de la promesa"

Aunque la amenaza de Amalec fue erradicada, con el paso del tiempo, Amalec adquirió otro sentido y se convirtió en símbolo de otra amenaza continua. Para comprender esta amenaza, conviene regresar a la promesa de un hijo (Génesis 15). Abram le pregunta a Jehová Dios si su mayordomo Eliezer había de ser su heredero, ya que no tiene hijo (Génesis 15:2), a lo cual Dios explícitamente le promete a Abram, "No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará." (Génesis 15:4). Más tarde, Abram decide aceptar el consejo de su esposa Sara para tener un hijo a través de su sierva Agar (Génesis 16:2), pensando que esto sería un medio para hacer cumplir la promesa de Dios de un heredero. Con el tiempo, Agar dio a luz a su hijo, llamado Ismael (Génesis 16:15). Eventualmente, Abram le pide a Dios que prospere a Ismael (Génesis 17:18), pero Dios rechaza este pedido y le asegura a Abram que él tendrá hijo con su esposa Sara y será llamado Isaac (Génesis 17:19). Con este hijo, el hijo de la promesa, Dios haría pacto "perpetuo" (Génesis 17:19).

Algunas personas cuestionan por qué Dios rechaza a Ismael y se hace pacto con Isaac, dado que ambos son hijos de Abram. La diferencia reside en que Abram presumía que Ismael sería el medio para cumplir la primera promesa de Dios a él décadas antes, cuando se le fue dicho "y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3), pero no lo puede ser porque Ismael es el hijo del esfuerzo carnal de Abram. En contraste, Isaac es el hijo de la promesa, y su llegada no es por esfuerzo humano, sino por fe en la promesa. En la descendencia de Isaac se cumpliría la promesa: "serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3). Podemos ver aquí la salvación del pecado, no procede por esfuerzo humano, sino que descansa en la promesa de un salvador (Génesis 3:15).

Cuando Isaac fue destetado, Abram hizo un gran banquete para celebrarlo, pero Ismael se burlaba de Isaac (Génesis 21:8, 9). Desde este momento hay lucha entre "los hijos de la carne" y "los hijos de la promesa" (Génesis 21:9), pues solo "los hijos de la promesa" pueden heredar lo prometido en el pacto a Abram, ahora llamado Abrahán (Génesis 21:9 y 12).

Ellicott [28] resalta que así lo estipula Pablo cuando escribió "Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora." (Gálatas 4:28,29). Smith [29] amplía este pensamiento al decirnos que los creyentes no son hijos de la sierva, sino de la esposa. Estos no se acercan a Dios por sus obras, sin importar cuán nobles pueden ser; los creyentes se acercan a Dios por la promesa que Dios mismo les otorgó para que a través de la fe que ejercen, puedan recibir la bendición prometida a Abrahán. La naturaleza carnal no permite la obtención de las bendiciones de Dios; en contraste, la fe en la promesa trae bendición en abundancia.

La batalla entre la naturaleza de la carne y la naturaleza de la promesa no se limita a personas; permea la vida espiritual de cada persona. Pablo, hablando de la batalla espiritual, dice: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:22-24).

A "la naturaleza carnal" Pablo lo llama "viejo hombre", quien no puede alcanzar las bendiciones de la promesa. En contraste, al creyente Pablo lo llama "nuevo hombre" que fue "creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:24) y a través de la fe recibe la bendición prometida a Abrahán en Génesis 12:3.

Acerca de esto, Flemming [30] añade que los creyentes necesitan remover o erradicar las actitudes de su vida previa en pecado -la naturaleza de la carne- tal como se quita la ropa sucia. Hecho esto, se visten con ropa limpia, es decir, adoptan actitudes renovadas por el Espíritu, correspondientes a la vida conforme a la promesa. Barclay [31] comenta que Pablo urge a desechar nuestros pecados y a revestirse de la justicia y santidad que solamente Dios nos puede dar.

Spurgeon [32] sugiere que este incidente no fue escrito en las Escrituras con propósitos triviales, sino fue incluido como una advertencia y para nuestra edificación espiritual. Pablo afirma: "porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron." (Romanos 15:4). Spurgeon recomienda que consideremos la historia de Israel como un anticipo de lo que le sucederá a la iglesia de Dios en el mundo mientras se encuentra en su peregrinación a la tierra prometida. En este sentido, la lucha con Amalec es una metáfora de la lucha constante y diaria que todo el pueblo de Dios debe llevar a cabo.

Smith [33] recuerda que Israel -los hijos de la promesa- cruzó el Mar Rojo para tomar posesión de la tierra prometida a Abrahán. Amalec -los hijos de la carne- fue el primero en intentar detenerlos, para impedir que Israel entrara, tomara y poseyera lo que Dios les había prometido: la tierra prometida. Desde esta perspectiva, una de las mayores barreras para recibir las promesas de Dios es la naturaleza pecaminosa, el "viejo hombre" que se encuentra en guerra constante contra el Espíritu e impide la entrada en la plenitud de las promesas y de las bendiciones de Dios. En términos espirituales, Amalec representa al "viejo hombre" precisamente porque impide al creyente espiritualmente "tomar posesión de la tierra prometida a Abrahán". Mientras la naturaleza pecaminosa gobierna, la espiritualidad es inalcanzable.

De Faraón a Amalec: de la liberación a la peregrinación

Mackintosh [34] propone que la historia entre Israel y Amalec tiene lecciones espirituales para los creyentes en su lucha contra la naturaleza carnal. Mackintosh identifica dos poderes que opusieron a Israel: Faraón y Amalec. Tanto Faraón como Amalec representan distintos poderes. Faraón representa todos los impedimentos para la liberación de Israel de Egipto. El usó los recursos de Egipto para impedir que Israel sirviera al Señor. Mientras Israel fue esclavo de Egipto, Dios peleó por ellos para liberarlos con grandes milagros, según Moisés: "Esos egipcios que ahora ven, jamás volverán a verlos. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos" (Éxodo 14:13,14, NTV). Tras cruzar el Mar Rojo, Israel quedó libre de Faraón y ya no tuvo razón para temerle. Faraón, por tanto, prefigura a Satanás, que utiliza los recursos de "este mundo de maldad en el que vivimos" (Gálatas 1:4) para mantener a las personas en esclavitud al pecado e impedir su liberación.

Mientras tanto, en Amalec, Mackintosh percibe algo distinto. Amalec representa todos los impedimentos posibles que buscan descarrilar a Israel en su peregrinación con Dios a través del desierto hacia la tierra prometida. El ataque a la retaguardia de la caravana constituyó el primer conflicto con un nuevo enemigo para Israel. Desde entonces, las instrucciones para Israel son muy distintas, ya no se le dice: "Solo quédense tranquilos"; ahora se le dice: "Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec" (Éxodo 17:9). Ahora Dios pelea junto a Israel contra sus enemigos, asistiéndolo para que llegue a la tierra prometida. En la crucifixión de Cristo, Él vence al mal. De ahí en adelante, el Espíritu Santo pelea junto al creyente en las batallas contra un nuevo enemigo: "el hombre viejo" que habita en él durante su peregrinación a la Tierra Prometida; la Tierra de Canaán espiritual. Así como Israel no tuvo que enfrentarse con Amalec hasta que todos "fueron bautizados en la nube y en el mar" (1 Corintios 10:2), de la misma manera sucede con el creyente: no se enfrenta al "viejo hombre" hasta que se entrega a Dios.

Otros comentaristas están de acuerdo con Mackintosh. de Koning [35] cree que Amalec es una buena representación de Satanás, que ataca a los hijos de la promesa a través del "viejo hombre", es decir, la debilidad espiritual provocada por los deseos pecaminosos de cada creyente. Esta lucha contra el "viejo hombre" debemos dejarla al Espíritu Santo (Gálatas 5:17). Al caminar en el Espíritu, no cederemos a los deseos de la carne (Gálatas 5:16). Exell [36] cree que todo el discurso del ataque de Amalec a la retaguardia de la caravana israelí puede interpretarse como lo que puede pasarle a una congregación de creyentes. En cualquier iglesia debe haber una lucha verdadera a favor de la verdad y contra el error. Si se sostiene la verdad tal como es en Jesús, debemos luchar por ella valientemente. De lo contrario, si no luchamos contra Amalec, ciertamente aprovechará cualquier oportunidad para atacarnos. Si no velamos contra él, atacará nuevamente y aislará o dejará sufriendo a todos los que estaban rezagados "al final de la caravana". Por consideración de los miembros más débiles de la iglesia, que todavía están luchando contra el "viejo hombre" que hay en ellos, debemos vigilar y contender por nuestra fe.

¿Cómo se vence a Amalec?

Así como hay grandes lecciones que aprender del ataque de Amalec en Refidim, también hay lecciones positivas que aprender y compartir con otros. Se nos dice que mientras transcurría la batalla, Moisés, acompañado de Aarón y Hur, subió a la cima de una colina para verla (Éxodo 17:10). Sucedió que, mientras Moisés mantenía los brazos alzados, Israel prevalecía sobre Amalec, pero si Moisés bajaba los brazos, entonces Amalec prevalecía sobre Israel. Para asegurar la victoria, Aarón y Hur sentaron a Moisés sobre una roca y mantuvieron sus brazos en alto hasta que Josué derrotó a Amalec, dándole a la recién nacida nación de Israel su primera victoria militar. Clarke [37] descorre el telón de este escenario y explica que varios de los padres de la iglesia consideraban que Moisés, con los brazos extendidos, era un símbolo del futuro Cristo crucificado; ambos hombres sufrían por su pueblo y ambos obtuvieron la victoria completa sobre Satanás, el pecado y Amalec. Clarke cree firmemente que Moisés, con los brazos extendidos, estaba orando a Dios para que Israel prevaleciera; de esto vemos que con la oración podemos vencer a nuestros adversarios espirituales. Amalec se derrota mediante la oración. Por el contrario, si bajamos los brazos, si no oramos, si no buscamos al Todopoderoso, Amalec y todos los demás enemigos espirituales ganarán terreno y podrán prevalecer sobre nosotros. Con respecto a este mismo escenario, Coffman [38] comparte la perspectiva de Clarke y afirma que Moisés sí estaba orando en la colina para que Israel derrotara a Amalec y, al mismo tiempo, es una sombra, un símbolo, de Cristo intercediendo en el cielo por los "hijos de la promesa" mientras están en su peregrinación a Canaán celestial (Hebreos 4:14-16).

Últimas palabras

A los amalecitas se les identifica como descendientes del nieto de Esaú, Amalec, quienes por siglos procuraron destruir a Israel. Por haber atacado a la retaguardia de la caravana israelita, asesinado en sangre fría a los más débiles, Dios pronunció juicio contra Amalec en tiempos de Moisés, decretando su destrucción. Siglos después, la orden para ejecutar ese juicio fue dada a Saúl, y la última manifestación histórica de esta enemistad aparece en el libro de Ester, con la derrota de Amán el agagueo. En la interpretación tipológica, Amalec llega a ser símbolo de la naturaleza de la carne, o del «viejo hombre». Así, en Amalec el creyente reconoce los obstáculos espirituales que debe enfrentar en su peregrinación, pues Amalec personifica una oposición persistente -histórica y espiritual- al cumplimiento de la promesa divina.

Referencias

  1. Amaleq <06002>. (n.d.) https://classic.net.bible.org. https://classic.net.bible.org/strong.php?id=06002
  2. Amaleqiy <06003>. (n.d.) https://classic.net.bible.org. https://classic.net.bible.org/strong.php?id=06003
  3. Fausset, Andrew R. Entry for 'Amalekites'. Fausset's Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/fbd/a/amalekites.html. 1949
  4. Easton, Matthew George. Entry for 'Lapping'. Easton's Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/ebd/l/lapping.html. 1897.
  5. Morrish, George. Entry for 'Amalek, Amalekites'. Morrish Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/mbd/a/amalek--amalekites.html. 1897.
  6. Hastings, James. Entry for 'Amalek, Amalekites'. Hastings' Dictionary of the Bible. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/hdb/a/amalek-amalekites.html. 1909.
  7. Easton, Matthew George. Entry for 'Amalekite'. Easton's Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/ebd/a/amalekite.html. 1897.
  8. Fleming, Don. Entry for 'Amalekites'. Bridgeway Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/bbd/a/amalekites.html. 2004.
  9. Butler, Trent C. Editor. Entry for 'Amalekite'. Holman Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/hbd/a/amalekite.html. 1991.
  10. Jamieson, Robert, D.D.; Fausset, A. R.; Brown, David. "Commentary on Genesis 36:16". "Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible - Unabridged". https://www.studylight.org/commentaries/jfu/genesis-36.html. 1871-8.
  11. Rand, W. W. Entry for 'Amalekites'. American Tract Society Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/ats/a/amalekites.html. 1859.
  12. Fausset, Andrew R. Entry for 'Amalekites'. Fausset's Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/fbd/a/amalekites.html. 1949.
  13. Watson, Richard. Entry for 'Amalekites'. Richard Watson's Biblical & Theological Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/wtd/a/amalekites.html. 1831-2.
  14. Clarke, Adam. "Commentary on Exodus 17:8". "The Adam Clarke Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/acc/exodus-17.html. 1832.
  15. Gill, John. "Commentary on Exodus 17:8". "The New John Gill Exposition of the Entire Bible". https://www.studylight.org/commentaries/geb/exodus-17.html. 1999.
  16. Wesley, John. "Commentary on Exodus 17:8". "John Wesley's Explanatory Notes on the Whole Bible". https://www.studylight.org/commentaries/wen/exodus-17.html. 1765.
  17. Ellicott, Charles John. "Commentary on Exodus 17:8". "Ellicott's Commentary for English Readers". https://www.studylight.org/commentaries/ebc/exodus-17.html. 1905.
  18. Henry, Matthew. "Complete Commentary on Exodus 17:8". "Henry's Complete Commentary on the Whole Bible". https://www.studylight.org/commentaries/mhm/exodus-17.html. 1706.
  19. Flemming, Donald C. "Commentary on Judges 3:13". "Fleming's Bridgeway Bible Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/bbc/judges-3.html. 2005.
  20. Constable, Thomas. DD. "Commentary on Judges 3:13". "Dr. Constable's Expository Notes". https://www.studylight.org/commentaries/dcc/judges-3.html. 2012.
  21. Coffman, James Burton. "Commentary on 1 Samuel 15:32". "Coffman's Commentaries on the Bible". https://www.studylight.org/commentaries/bcc/1-samuel-15.html. Abilene Christian University Press, Abilene, Texas, USA. 1983-1999
  22. Coffman, James Burton. "Commentary on Esther 3:1". "Coffman Commentaries on the Bible". https://www.studylight.org/commentaries/bcc/esther-3.html. Abilene Christian University Press, Abilene, Texas, USA. 1983-1999.
  23. Trapp, John. "Commentary on Esther 3:1". John Trapp Complete Commentary. https://www.studylight.org/commentaries/jtc/esther-3.html. 1865-1868.
  24. Kitto, John, ed. Entry for 'Mordecai'. "Kitto's Popular Cyclopedia of Biblical Literature". https://www.studylight.org/encyclopedias/eng/kbe/m/mordecai.html.
  25. Watson, Richard. Entry for 'Mordecai'. Richard Watson's Biblical & Theological Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/wtd/m/mordecai.html. 1831-2.
  26. Morrish, George. Entry for 'Mordecai'. Morrish Bible Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/mbd/m/mordecai.html. 1897.
  27. Hawker, Robert D.D. Entry for 'Mordecai'. Hawker's Poor Man's Concordance and Dictionary. https://www.studylight.org/dictionaries/eng/pmd/m/mordecai.html. London. 1828.
  28. Ellicott, Charles John. "Commentary on Génesis 21". "Ellicott's Commentary for English Readers". https://www.studylight.org/commentaries/eng/ebc/Génesis -21.html. 1905.
  29. Smith, Charles Ward. "Commentary on Galatians 4:29". "Smith's Bible Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/csc/galatians-4.html. 2014.
  30. Flemming, Donald C. "Commentary on Ephesians 4:22". "Fleming's Bridgeway Bible Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/bbc/ephesians-4.html. 2005.
  31. Barclay, William. "Commentary on Ephesians 4:22". "William Barclay's Daily Study Bible". https://www.studylight.org/commentaries/dsb/ephesians-4.html. 1956-1959.
  32. Spurgeon, Charle Haddon. "Commentary on Exodus 17". "Spurgeon's Verse Expositions of the Bible". https://www.studylight.org/commentaries/eng/spe/exodus-17.html. 2011.
  33. Smith, Charles Ward. "Commentary on Exodus 17". "Smith's Bible Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/eng/csc/exodus-17.html. 2014.
  34. Mackintosh, Charles Henry. "Commentary on Exodus 17". Mackintosh's Notes on the Pentateuch. https://www.studylight.org/commentaries/eng/nfp/exodus-17.html.
  35. de Koning, Ger. Commentaar op Exodus 17". "King comments on the Whole Bible". https://www.studylight.org/commentaries/eng/kng/exodus-17.html. 'Stichting Titus' / 'Stichting Uitgeverij Daniël', Zwolle, Nederland. 2021.
  36. Exell, Joseph S. "Commentary on "Exodus 17". The Biblical Illustrator. https://www.studylight.org/commentaries/eng/tbi/exodus-17.html. 1905-1909. New York.
  37. Clarke, Adam. "Commentary on Exodus 17". "The Adam Clarke Commentary". https://www.studylight.org/commentaries/eng/acc/exodus-17.html. 1832.
  38. Coffman, James Burton. "Commentary on Exodus 17". "Coffman's Commentaries on the Bible". https://www.studylight.org/commentaries/eng/bcc/exodus-17.html. Abilene Christian University Press, Abilene, Texas, USA. 1983-1999.