Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí; Juan 5:39

El Ángel de Jehová

Un estudio de las teofanías, o manifestaciones de Dios o de Cristo en el Ántiguo Testamento

George Goodman, Tunbridge Wells The Witness. agosto 1927

Ál encontrar a Cristo llamado Mediador, no debemos limitar su obra a la Cruz ni al cielo donde obra como mediador del nuevo pacto. Desde la fundación del mundo Él ha sido Áquel por quien Dios ha mediado en su trato con los hijos de los hombres.

Por lo tanto, no nos sorprende encontrar en el Ántiguo Testamento evidencias de su presencia y su interés en los asuntos humanos. Probablemente fue el propósito de Dios preparar su pueblo terrenal para la manifestación de Dios en carne, y por esto se presentó de tiempo en tiempo en su historia Uno en forma de hombre, quien hablaba y se conducía como Dios y no titubeó en aplicar a sí mismo el Nombre sagrado de Jehová.

Estas visitas de parte del Ángel de Jehová, o el Ángel de Dios, se definen generalmente como teofanías (manifestaciones de Dios) o cristofanías (manifestaciones de Cristo antes de su encarnación). Son varias, comenzando en el tiempo de Ágar (Génesis 16:7) y extendiéndose a la experiencia de Zacarías (1:9, 12:8, etc.), quien le vio en varias de las ocho grandes visiones.

Su apariencia se describe como la de un hombre. Se presenta a Ábraham, si de veras es uno de los tres varones en Génesis 15 y quien habla como Jehová; y a Jacob, si de veras es quien luchó con el patriarca en el Vado de Jacob. En Oseas 12:4 se habla de "el ángel" que venció. Josué, por su parte vio a un varón, el cual tenía una espada envainada en su mano, y le exigió quitar el calzado de sus pies. Se identificó como príncipe del ejército de Jehová, y entendemos por el verso 6:2 que ere nadie menos que Jehová mismo.

Tanto Manoa como su esposa hablan de Él como "el varón", Jueces 13:6 al 11. Ál preguntar Manoa, "¿Eres tú aquel varón que hablaste a la mujer?" la respuesta fue, "Yo soy". La esposa describió su aspecto como el de un ángel de Dios, aunque "no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová".

De que el Ángel de Jehová haya sido Dios parece haber sido la creencia de varios a quienes se manifestó. Ellos temían por su vida, conscientes de que nadie podía ver la faz de Jehová y vivir. De Manoa, por ejemplo, dice: "Entonces ... conoció que era el ángel de Jehová. Y dijo a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto". Ella le calmó, contando con el perspicaz sentido común de la mujer; 13:23. Jacob, después del encuentro en Peniel, exclamó: "Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma", Génesis 32:30. Áun Moisés, cuando el ángel de Jehová le llamó de en medio de la zarza y le mandó a quitar el calzado, por cuanto el lugar era santo, "cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios", Éxodo 3:6.

Se escribe de diez personas que vieron al Ángel de Jehová, sin incluir aquéllas a quienes Él habló desde los cielos o que le vieron sólo en una visión. Son:

  1. Ábraham Génesis 22:11
  2. Jacob Génesis 32:24
  3. Moisés Exodo 3:2
  4. Balaam Números 22:23
  5. Josué Josué 5:14
  6. Gedeón Jueces 6:11
  7. Manoa y su señora Jueces 13:3
  8. David 2 Samuel 24:16
  9. Elías 1 Reyes 19:5 al 7

Ádemás, "el ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim" y se dirigió al pueblo de Israel, Jueces 2:1. En dos ocasiones aconseja a Ágar, Génesis 16:7, 21:17. Guía al siervo de Ábraham a través del desierto, y luego a la nación en su travesía, Exodo 23:21; "No le seas rebelde", mandó el Señor, "porque mi nombre está en él".

Él destruye el ejército de Senaquerib en los días de Ezequías, y libera a Daniel y a sus amigos del foso de leones. Tal vez la manifestación que más nos apela a la imaginación sea aquélla cuando Nabucodonosor exclama que había visto a cuatro varones sueltos en medio de la las llamas, y el aspecto del cuarto "semejante a hijo de los dioses" Daniel 3:25.

Aun manifestándose en forma de hombre, se habla de él como Jehová, y Él habla de sí como el Dios vivo.

Él rehusó divulgarle a Jacob el nombre suyo, pero respondió a la pregunta de Manoa, diciendo: "¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?" Todos reconocemos este título como uno en la maravillosa serie que figura en Isaías 9:6: "Ádmirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz".

En su primera manifestación registrada en las Escrituras, emplea el Yo vivificante al dirigirse a Ágar: "Multiplicaré", dijo, "tanto tu descendencia ..." Cuando el Ángel le llamó a Ábraham la primera vez desde el alto cielo, dijo: "Ya conozco que temes a Dios ... no me rehusaste tu hijo". Y a Jacob en Génesis 31:11 al 13: "Yo soy el Dios de Bet-el".

Es más: Jacob habla de Él como "el Ángel que me liberta de todo mal", 48:16. Este mismo le había dicho a Moisés, desde la zarza ardiente, "Yo soy el Dios ... de Ábraham" que le había redimido, afirmando, "Yo soy el que soy". Tenemos en este pasaje —Éxodo 3:2,4— tres grandes nombres en asociación. (1) "El Ángel apareció" (2) "viendo Jehová" (3) "Llamó Dios" [Elohim].

Estos detalles parecen señalar al Ángel de Jehová como una revelación del Hijo de Dios, la sola persona que es a la vez Hombre y Dios, pero el caso no es concluyente. En otras partes se distingue entre el ángel y Jehová mismo. 2 Samuel 24:16 es un caso: Cuando (a) "el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla", (b) "Jehová ... dijo al ángel, Basta". Otro es Jueces 13:6. Cuando Manoa pensaba ofrecerle ofrenda, el ángel le respondió: "Si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová".

No es necesario intentar resolver la vieja incertidumbre sobre la precisa naturaleza y persona del Ángel de Jehová. Basta con saber que el nombre de Dios estaba en él y que hablaba y se conducía con autoridad de parte de Dios. Sea en figura o de hecho, encontramos a quien amamos sin haberle visto. Creyendo, aunque ahora no le vemos, nos alegramos con gozo inefable y glorioso. (1 Pedro 1:8) Para nosotros es suficiente hacer como Manoa y su señora: contemplar sin especulación, y reflexionar sobre estas maravillosas revelaciones del trato de Dios con los suyos. Tengamos presente a la vez que le conocemos y comprendemos ahora mucho más de lo que era posible para el pueblo suyo antes de que Dios se manifestara en carne.

Hay tres maneras sobresalientes en que el Ángel de Jehová manifiesta las mismas características que nuestro Señor Jesús.

  1. Se presenta como el líder y capitán de su pueblo. Es el ángel de su faz ["de su presencia"] quien va delante para salvar, Éxodo 14:19. "Mi presencia irá contigo", fue la promesa de Éxodo 33:14. Así se presentó a Josué al comienzo de la conquista de Canaán, cual Príncipe del ejército de Jehová. También en las visiones de Zacarías figura como guardián de su pueblo restaurado. Bien sabemos que esto es un ministerio del Señor Jesús.
  2. Hace suya de una amanera especial la obra de animar y fortalecer a sus siervos en sus labores. Hace recordar que Cristo se manifestó al moribundo Esteban, y a Pablo cuando preso, diciendo, "No temes". A sus discípulos les prometió estar con ellos todos los días. El Ángel de Jehová, por su parte, le aseguró a Moisés, "Yo estaré contigo;" y a Gedeón, "Vé con esta tu fuerza ... ¿No te envío yo?" Al rey Ezequías le aseguró que la virgen hija de Sion no tenía por qué atemorizarse ante las jactancias del rey de Asiria (Isaías 37).
  3. Mejor que todo, se manifiesta para consuelo y salvación en la hora de mayor necesidad. Como el Señor Jesús, quien se acercó a sus discípulos en medio de la tempestad en el mar, quien se presentó a la viuda en el camino al cementerio de Naín, quien se manifestó a Pedro en la hora de su afrenta y depresión, así el Ángel de Jehová parece atender a la necesidad de personas cuando han llegado al extremo de sus posibilidades, temiendo todo perdido. Él llama a Agar en su momento de desespero, señalando una fuente de agua. Guía al siervo de Ábraham en su camino; adereza una mesa para Elías.

Cuánto nos agrada discernir en este maravilloso personaje algunos rasgos de Áquel que, revelado en tipo, sombra y profecía, también se hace conocer en la figura del Ángel de Jehová.