... Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis ordenanzas, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra: Y santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios. Ezequiel 20:19, 20

Hablemos del sábado 3era parte

{ Suministrado por Alberto Cervantes Sanabria }

Preguntas sobre el sábado

Guardáis los días..." (Gálatas 4:10)"

¿No explica Gálatas 4:10,11 que no es necesario guardar los días ¿Se refiere al día sábado?

Para saberlo debemos comenzar con el versículo 8, donde observamos que el apóstol Pablo se está dirigiendo a los Gálatas que habían sido paganos, pues dice: "Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses". Y luego de recordarles que habían conocido al Dios verdadero, les pregunta: "Cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?" Nótese que los que leían esta carta habían servido a los que "no son dioses", que habían conocido luego al Dios verdadero, y que ahora estaban volviendo a los pobres rudimentos de su época pagana.

Por lo tanto, en primera instancia, los "días" del versículo 10 no podrían ser referencia al sábado del mandamiento del Dios Creador, porque los paganos no lo reconocían como tal ni santificaban el sábado. Sabemos que un día importante de los paganos era el primero de la semana llamado "día del sol". Los nombres de los días tienen que ver con sus dioses: el lunes, con la diosa luna; el martes, con Marte; el miércoles, con Mercurio, etc. Tenían también meses dedicados a sus dioses, como enero, al dios Jano.

Es probable que los judaizantes hayan logrado que los gálatas acataran observar algunos días de fiesta de la ley ceremonial, los que caducaron cuando Cristo se constituyó en el "verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

Además, debemos aclarar que en ningún lugar de la Biblia se usa el lenguaje de este texto para referirse al sábado. El séptimo día es el shabbath, nombre propio del día de reposo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por otra parte, cuando Dios lo bendijo y lo santificó, "reposó el día séptimo de toda la obra que hizo" (Génesis 2:2). De manera que, si la observancia del sábado fuera un acto esclavizador, tendríamos que admitir que el mismo Creador se esclavizó cuando reposó el primer sábado en este mundo. Y siendo que Jesús dijo que "el sábado fue hecho por causa del hombre" (Mar.2:27), tendríamos que admitir, además, que fue hecho para esclavizar a sus criaturas. Por todo lo dicho, se ve claramente que esos días mencionados en Gálatas 4:10, no se referían al sábado. El sábado para el pueblo de Dios es un día de gozo (Isaías 58:13,14).

Cambios del calendario y el sábado

Se han producido varios cambios del calendario. ¿No sería posible que por ellos el sábado no sea el que corresponde a la realidad?

El calendario ha sido un instrumento para contar los años, meses y días, inventado por el hombre desde que tenemos conocimiento de su historia. El sol y la luna intervienen en la medición y el fraccionamiento del tiempo (Génesis 1:14). La semana es una excepción, pues es un período de tiempo marcado por el acto creador realizado por Dios en siete días. Creemos que no ha habido pérdidas en la cuenta del tiempo, dado que Jesús, quien reprendió a los judíos por muchos errores o descuidos religiosos, nunca señaló que guardaban un sábado falso. El mismo lo santificó, teniendo por costumbre ir al lugar de adoración y culto cada sábado (Lucas 4:16).

Poco antes de Jesús, el emperador Julio César (101-44 AC) tuvo que ajustar el calendario civil al astronómico. Dicho en otras palabras, el invierno según el calendario astronómico estaba adelantado en 90 días. Por eso Julio César, asesorado por el famoso astrónomo egipcio Sosígenes, en el año 47, antes de Cristo, le quitó esos 90 días al calendario civil y lo ajustó así al astronómico. Esto se hizo sin afectar o alterar el ciclo semanal. Ese calendario era usado por el Imperio Romano en los días de Jesús.

Unos 1.600 años después de Julio César, se hizo necesario otro cambio. Como el calendario juliano se basaba en un año de 365 días y 6 horas, en vez de la realidad que son 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos, al llegar al siglo XVI, esos 11 minutos y algunos segundos, sumaron 11 días de diferencia con el calendario astronómico. Por ello Gregorio VII, asesorado por el astrónomo Cristóbal Clavio, decidió seguir su consejo de omitir esos once días, lo que se hizo el jueves 4 de octubre de 1582, pasándose al viernes 15 de octubre. Tampoco en esta ocasión se alteró el ciclo semanal.

Por lo indicado, sabemos que no se ha alterado el ciclo semanal en todos los tiempos. Había razones fuertes para evitarlo, pues así como el pueblo conocedor del Dios verdadero santificaba el séptimo en honor del Dios vivo, el Creador, así los pueblos paganos tenían el primero en homenaje de su gran dios, el sol. De modo que ni para los paganos ni para los cristianos era aceptable despreciar su día sagrado.

Diferencia entre día y día. Romanos 14:5,6

Pablo en Romanos 14:5 dice: "Uno hace diferencia entre día y día, y otro juzga iguales todos los días". ¿No significa esto que podemos considerar como día de reposo cualquier día, sea el sábado o el domingo?

Para poder responder sin equivocarse, es necesario tener en cuenta el contexto del pasaje, y también los problemas existentes en la época en torno al posible cambio del día de reposo.

En primer lugar, es interesante notar que el Nuevo Testamento siempre hace distinción entre el sábado y el domingo. Al séptimo día de la semana siempre lo llama sábado, o "día de reposo", según la Versión Reina-Valera revisada en 1960. En esta versión se tradujo la palabra "shabbath" como día de reposo". En cambio, al domingo lo llama invariablemente "primer día de la semana". Pablo en este texto se refiere a "días" solamente.

En segundo lugar, un análisis del capítulo 14 revela que no se está tratando de posibles divergencias en cuanto al día de reposo. El tema es más bien la dificultad ocasionada por ciertos creyentes débiles en la fe, que tenían opiniones particulares respecto de algunas comidas (vers.1,2). Obsérvese que en ocho de los 23 versículos del capítulo, se hace referencia a esas comidas (2,3,6,14,17,20,21,23), y en ocho se aconseja no hacer de ello motivo de juicio o tropiezo (2,3,4,10,13,15,19,20). Además, en ningún otro capítulo de la epístola, el apóstol alude a un posible cambio del día de reposo semanal, como para concluir que en la expresión "diferencia entre día y día" se refiera al día de reposo.

Más aún, atenidos a todo lo expresado en el Nuevo Testamento, podemos a-segurar que no había controversia en cuanto al día de reposo semanal (véanse las preguntas 14 y 15). Se discute reiteradamente la circuncisión y se define con claridad que no era necesaria (Gálatas 5:6; 1 Corintios 7:19). En cambio, Jesús mismo dijo que de los Diez Mandamientos ni una jota ni una tilde podría tocarse (Mateo 5:17-19; Lucas 16:17).

En cuanto a que todos los días son iguales, en referencia al día de reposo, la misma Escritura declara que no es así (véase la pregunta relacionada). Entonces, ¿a qué días pudo haberse referido el apóstol? Creemos que el versículo 6 nos revela la respuesta. Dice: "El que hace caso del día, lo hace para el Señor; el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios". ¿Significa esto que algún creyente de aquella época podía vivir sin comer? ¡De ninguna manera! Pero sí podrían haber vivido sin comer durante esos "días" mencionados. El que comía en esos días dedicados a no comer, no cometía falta, como tampoco el que no comía. Los ayunos o días de ayuno no eran ordenados por mandamiento de Dios, eran voluntarios.

Era costumbre judía ayunar dos veces por semana (Lucas 18:11,12). En el Megillat Ta'anith (un tratado judío sobre el ayuno, escrito en el primer siglo de nuestra era), se explica que los judíos ayunaban los lunes y los jueves. En otro antiguo documento llamado la Didajé, escrito a principios del siglo II, en el capítulo 8:1, se señala que los cristianos no judíos, particularmente en el oeste del imperio romano, a causa de sus sentimientos antisemitas declararon los miércoles y los viernes como días de ayuno.

Teniendo en cuenta las consideraciones hechas, sería claramente admisible que en los versos 5 y 6 se hace referencia a los días de ayuno, pero es evidente, por lo expuesto, que no hace referencia al día de reposo, el sábado.

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"Cristo es nuestro reposo y no el sábado"

Si Cristo es nuestro reposo ¿necesitamos reposar el sábado?

Debemos recordar que originalmente el sábado fue santificado y bendecido antes de que el hombre pecara (Gen. 2: 1-3). De modo que originalmente no pudo ser creado como símbolo de alguna experiencia relacionada con el pecado. Su razón de ser, era recordar a los seres humanos, por la eternidad, la obra maravillosa realizada por el Creador. Cuando en el Sinaí se dio por escrito el mandamiento del reposo semanal, se reiteró el motivo: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. . . porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay. . ." (Éxodo 20:8-11). La observancia del sábado y el matrimonio son dos instituciones divinas establecidas antes de que el pecado entrara en el mundo, y por lo tanto son permanentes.

Sin embargo, encontramos que posteriormente a ambas instituciones se les dio un sentido espiritual: al reposo semanal el de reposo espiritual que encontramos en Cristo, y al matrimonio el de la unión de la iglesia con Cristo. Sobre lo primero escribe Pablo en la epístola a los hebreos (cap. 4). No lo hace para anular el reposo semanal (Hebreos 4: 9), sino para ayudar a los hebreos a comprender que necesitaban de Cristo, única fuente de reposo espiritual. Este reposo lo alcanzamos en virtud del perdón de nuestros pecados que solamente Cristo puede dar. Esos pecados de los cuales recibimos perdón, los conocimos a través de la ley de Dios (Romanos 7: 7). ¿Sería razonable, entonces, hablar de reposo en Cristo, si insistiéramos en desobedecer uno de sus mandamientos? Y justamente el sábado, mandamiento dado para ayudamos a fortalecer y mantener la fe en el Creador y Salvador. Y además cuando sabemos por la Palabra de Dios que faltar a uno es faltar a todos (Santiago 2: 10-12).

Para comprender que una aplicación simbólica que sugiere un mandamiento no anula la obediencia real del mismo, hagamos referencia al mandamiento que defiende la santidad del matrimonio: No cometerás adulterio. Adúltera es la persona que teniendo cónyuge a quien prometió amar y vivir fielmente en el estado de matrimonio, acepta luego a otra u otras personas en su intimidad. Cuando la Biblia hace una aplicación simbólica, indica que los que dicen amar a Dios pero aman al mundo son "almas adúlteras" (Santiago 4: 4).

La iglesia de Dios en todos los tiempos fue comparada muchas veces por los profetas como la esposa del Señor, de modo que su infidelidad a Dios fue considerada adulterio espiritual. Un ejemplo está en los tres primeros capítulos de Oseas. Otro en Apocalipsis 17. Pues bien, si nosotros no participamos del adulterio espiritual dado que vivimos fielmente la vida cristiana, ¿nos permitiría eso ser adúlteros físicamente? La respuesta es tan evidente que parecería innecesario darla.

Sin embargo, podría ser necesario insistir preguntando: ¿Qué es lo más grave, el adulterio espiritual o el físico? Ambos son igualmente graves, porque de no mediar la conversión y el arrepentimiento, son pecados cuya paga es la muerte. El adulterio físico nos hace adúlteros espirituales, o el adulterio espiritual nos prepara para ser adúlteros físicos.

Volviendo ahora al cuarto mandamiento, el del reposo: el hecho de que en Cristo disfrutamos reposo espiritual, ¿nos autoriza a anular el sentido físico que siempre tuvo el mandamiento? Como en el caso anterior la respuesta es una sola: el sentido espiritual no anula el físico. Y en este caso, afirmaríamos que en mayor grado, desde que el descanso físico indicado en el mandamiento propende a fortalecer el reposo espiritual. Por esa razón. Jesús dijo: "El sábado por causa del hombre es hecho" (Mar. 2: 27). ¿Por causa de qué? Por causa de la vida espiritual del hombre. Al dejar de lado sus trabajos, obligaciones y presiones de los seis días de la semana, el hombre disfruta de un día de reposo que alivia tensiones, preocupaciones y cansancio, y concede tiempo para el cultivo espiritual.

¿Qué quiso decir el Señor cuando ordenó: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo"? Santificar quiere decir: "apartar algo para un uso sagrado", con lo que se indica su propósito: actividades diferentes a las de los seis días de trabajo. Es el día que dedicamos a la atención de los valores espirituales, dejando de lado los materiales. Nuestra mente y acción se dirigen a lo que fortalece nuestro descanso espiritual. Concurrimos, como Jesús, a la casa de culto (Lucas 4: 16); allí fortaleceremos la fe con oír su Palabra (Romanos 10: 17). Vivimos un día sin presiones, porque con nadie tenemos compromisos comerciales o de trabajo. Es el día del Señor (Mar. 2: 28), y por lo tanto nuestros únicos compromisos los tenemos con El. Al dedicar tiempo para actividades misioneras, atender a enfermos o necesitados como lo hacía Jesús (Mateo 25: 35-40), esta atendiendo al Señor mismo. Todo esto es posible porque al descansar espiritualmente en Cristo, aceptamos su mandato de descansar físicamente La ganancia espiritual del sábado, al apartarlo para el Señor, nos preparan para una nueva semana de luchas, pero que con seguridad significarán nuevas victorias.

"No se menciona el sábado"

Jesús no le dijo al joven rico que debía guardar el sábado (Mateo 19: 16-26); cuando se refirió a los grandes mandamientos, indicó sólo dos (Mateo 22: 35-40). Tampoco se mencionó el sábado en el concilio de Jerusalén (Hechos 15: 1-35). ¿Eso no significa que el sábado había dejado de ser un día de observancia obligatoria?

A fin de ofrecer una respuesta clara, convendrá analizar los tres casos por separado.

El joven rico: Jesús fue explícito con él recordándole cinco de los Diez Mandamientos. No citó los cuatro primeros ni el décimo. Si por no mencionar el sábado, que es el cuarto, estamos autorizados a desobedecerlo por lógica nos asiste el mismo derecho a desobedecer los otros no mencionados. En lógica se señala la falacia de este argumento diciendo que "el que prueba demasiado, prueba nada".

Jesús no mencionó al joven rico muchas cosas necesarias en la vida del creyente, como ser la fe, la gracia, el arrepentimiento, etc. No diríamos por eso que no son necesarias. Aceptamos, por otra parte, que Jesús como Maestro de los maestros no se equivocó en su método de enseñanza. Hizo lo único y mejor que convenía hacerse. No hay duda que si alguna vez ese joven reflexionó, se dio cuenta que era adorador de un dios ajeno: sus riquezas, pecado señalado por el primer mandamiento. Y es precisamente la fe, no mencionada al joven rico, la que a todos nos ayuda a ser obedientes (Romanos 3: 31; Hebreos 11: 6). Por lo dicho, queda claro que no queda anulado el mandamiento del sábado porque Jesús no se lo menciono; como tampoco quedan anulados los otros mandamientos por la sola razón de que no fueron mencionados en esa ocasión.

Dos mandamientos y no diez: Los dos mandamientos citados por Jesús sus fueron tomados del Antiguo Testamento. El primero está en Deuteronomio 6: 5 y el segundo en Levítico 19: 18. Vale decir que fueron dada por el mismo Dios que dio los Diez Mandamientos; por lo tanto, no se anulan, sino que se complementan. Los dos son la síntesis de las manifestaciones de nuestro amor a Dios y al prójimo, y los diez son el análisis o la expresión detallada de cómo hacerlo.

"De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas", dijo Jesús. "Depende" quiere decir, estar en sujeción o subordinación de uno, provenir, proceder, ser consecuencia. Y eso es justamente lo que sucede, Los Diez Mandamientos son consecuencia o provienen de los dos principales. Los primeros cuatro nos enseñan cómo amar a Dios con todo nuestro corazón y nuestra fuerzas, y los últimos seis, cómo amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Así es que los dos mandamientos no anulan los diez, ni los diez contradicen a los dos. Los diez dependes o provienen de los dos.

El concilio de Jerusalén: La carta apostólica dice: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bies haréis" (Hechos 15: 28, 29). En la carta se hace referencia directa al séptimo mandamiento. Si aceptamos que por no haberse mencionado el sábado, eso significa que no hay que guardarlo, ¿qué de los otros ocho mandamientos no mencionados? ¿Quedaron anulados? ¿Y qué de la fe, la gracia, el arrepentimiento, el bautismo, que tampoco fueron mencionados en la carta? ¿Eso nos autoriza a descartar tales verdades?

¿Qué cosas se estudian en un concilio? Los problemas que causan disputa o inseguridad, para encontrar la forma de resolverlos. Las doctrinas o mandamientos aceptados no se discuten en los concilios. Por eso nada dice la carta respecto al robo, al sábado, al bautismo, a la gracia, etc. En esas cosas no había desacuerdo. Para la iglesia cristiana de ese entonces no había duda si debían guardar el sábado o el domingo. Todos guardaban el sábado, y por esa sencilla razón nada se dijo respecto al día de reposo.

De haber habido cambio en cuanto al día de reposo, sin duda se hubiera levantado una seria polémica. Grandes fueron las reclamaciones de los judíos y serias las amenazas cuando Jesús se propuso enseñar la correcta observancia del sábado. Hasta quisieron matarlo (Mateo 12: 14; Juan 5: 16). ¡Qué clamor de protestas se hubiera levantado si los discípulos hubiesen enseñado que el sábado estaba abolido y el domingo era el verdadero día! Nada de eso aparece en el Nuevo Testamento. Ese silencio total en cuanto a un cambio, es la prueba mayor de que todos observaban el sábado.

¿Preanuncio de la abolición del sábado?

En Isaías 1: 10-15 y Oseas 2: 11, ¿no se preanuncia que el sábado iba a ser abolido?

Si aceptáramos que en estos pasajes se preanuncia la abolición del sábado como día de reposo, lógicamente debemos aceptar que las demás cosas allí mencionadas iban a dejar de tener importancia. Además del sábado. Isaías incluye las fiestas, los sacrificios, las ofrendas, el incienso, las asambleas y la oración. Oseas hace una enumeración semejante, agregando que Dios haría cesar el gozo. ¿Es que también las asambleas, la oración y el gozo concluirían para el pueblo de Dios? Sin duda que se ha llegado a una conclusión errónea, pues tal cosa no es admisible.

Para interpretar correctamente un pasaje bíblico es necesario tener en cuenta el contexto; es decir, lo que se dice antes y después del texto. Con sabiduría se dice que "un texto sin su contexto, es apenas un pretexto".

Isaías reclama a su pueblo por su vida pecaminosa. Lo señala como "cargado de maldad", "generación de malignos", "hijos depravados". Espiritualmente enfermos "desde la planta del pie hasta la cabeza" (vers. 4, 6). Esa vida pecaminosa era la causa por la que Dios señaló la inutilidad de sacrificios, ofrendas, incienso, sábados y aun la oración. Oseas. contemporáneo de Isaías, encaró el mismo problema. Compara al pueblo de Dios con una ramera, adúltero espiritual, pues va detrás de dioses ajenos y vive en pecado pretendiendo ser pueblo de Dios.

¿Qué puede valer cualquier acto de adoración o culto de Dios, si se vive en pecado? ¿Cómo podríamos engañar a Dios ofreciéndole un culto hipócrita? Para que nuestras expresiones de adoración a Dios, inclusive en el día de reposo, sean aceptables, debemos reconocer nuestros pecados, arrepentimos de ellos y aceptar el perdón ofrecido (Isaías 1: 16-19). De lo contrario, la duplicidad hipócrita colocará fuera de lugar aún lo correcto.

¿Estamos condenados por observar el sábado?

Si Pablo viviese hoy condenaría a los adventistas de la misma forma que en Gálatas 4 :10, 'Guardáis los días, los meses y los años... he trabajado en vano entre vosotros".

Pablo está hablando aquí de la ley ceremonial, especialmente de los ritos y extensiones de la tradición rabínica. No se refiere a la ley moral, y es evidente, porque la ley moral contiene un solo día, el sábado. Aquí se refiere a la ley ceremonial, sólo allí encontramos cómo observar "días", "meses" y "años".

Por otra parte, si Pablo estuviese condenando aquí a los que observan el domingo, ¿acaso no es guardar un día?

Debemos recordar que los adventistas no observan la Pascua, el viernes santo, la cuaresma, esto lo hace la Iglesia Católica. Y si algún católico o protestante condena a un adventista esgrimiendo Gálatas 4:10, inevitablemente se condena a sí mismo porque algún día observa y Pablo dice: "Bienaventurado el que no se condena a sí mismo por lo que aprueba" (Romanos 14:22).

Pablo no está condenando la observancia del sábado. ¿Cómo lo haría? Si Cristo, el autor del cristianismo, el ejemplo de Pablo y nuestro, observó el sábado regularmente (Lucas 4:16).

Pero, hay algo más. Pablo corría el riesgo de condenarse a sí mismo con lo que afirmaba. Porque Pablo observó ciertos días festivos del judaísmo.

Pablo escribió la primera epístola a los Corintios en la primavera del año 57 DC, nueve meses antes de escribir Gálatas, y allí dice: "...estaré en Efeso para Pentecostés", se apresura a llegar a Jerusalén antes de aquel día especial (Hechos 20:6,16).

Pascua y Pentecostés estaban entre los " días y estaciones "de las leyes ceremoniales judaicas y habían llegado a tener un significado especial para los cristianos, pues la muerte de Cristo ocurrió en una Pascua y el derramamiento del Espíritu Santo se produjo en el Pentecostés. Pablo, como judío cristiano, no estaba comprometido en observar "días" en su nuevo ambiente cristiano. Algunos afirman que hasta el fin de sus días Pablo observó las leyes judías, y esto armoniza con su declaración de que para convertir judíos al cristianismo él estaba dispuesto a vivir como judío (1 Corintios 9:20).

Entonces, ¿qué condena Pablo en Gálatas 4:10? Condena la observancia de los días en una forma legalista, como si al hacerlo se recibiese una virtud especial. La versión Phillips, gana el corazón del texto al decir: "Vuestra religión ha comenzado a ser una forma de observar ciertos días o meses o estaciones o años".

Observar el sábado, sin las virtudes que son la esencia de la vida cristiana (fe, amor, temperancia, paciencia, etc.) no es más que vacío formalismo. Y estas virtudes de la vida cristiana sin la observancia del sábado serían como un ejemplo sin vida, porque se dejaría de lado la vida de obediencia (Juan 14:15; 15:10).

Sobre la transgresión del sábado de Éxodo 31:14

En Éxodo 31:14 se lee que a los transgresores del sábado se los debe apedrear hasta que mueran. ¿Por qué no rige la misma penalidad actualmente? Si se dice que el castigo no tiene efecto, entonces, se está afirmando que el sábado está abolido, porque una ley no tiene valor si no se castiga su trasgresión.

En Deuteronomio 13:6,9,10, encontramos que la simple sugerencia de adorar dioses falsos debe ser castigada con la muerte. Deuteronomio 21:18-21 dice que si alguien tiene un hijo desobediente debe ejecutarlo. Deuteronomio 22:21-28 hace referencia a la pena capital como castigo por la fornicación, el adulterio y la violación. Aquellos que acuden a adivinos debían ser "cortados de la congregación" (Lev.20:6). El que maldijese a su padre o madre era castigado con la muerte según Levítico 20:9. También la homosexualidad debía ser castigada con la muerte (Lev.20:13).

En el AT se castigaba con la muerte, toda trasgresión de los mandamientos morales.

Pero, preguntémosle al que objeta la observancia del sábado: "¿Cree Ud. que el idólatra debe morir como el hijo que maldice a su padre?". Generalmente la respuesta es: No. Sin embargo, de acuerdo a la lógica de la objeción, si la penalidad no tiene vigencia, tampoco sirve la condena, y entonces se puede ser idólatra, adúltero o maldecir a los padres. Pero, por supuesto, esa conclusión es inaceptable.

Nosotros también creemos que si una ley no tiene castigo, no tiene vigor. Pero que no creamos hoy en el castigo por lapidación (apedreamiento), no quiere decir que tampoco creamos que no habrá castigo para el trasgresor del sábado o cualquier otro punto de la ley.

La diferencia entre el antiguo orden judío y el nuestro es el tiempo del castigo, y quién lo ejecuta. Cuando Dios era el gobernante directo de Israel, vio necesario infligir el castigo inmediatamente. Ahora el pecador debe esperar el día del juicio (Hebreos 10:26-29). Allí será castigado por toda violación consciente y voluntaria a la ley de Dios.

Por otra parte, debemos recordar que Israel era una nación y a la vez una iglesia, y en el momento de producirse la transición del Israel literal al Israel espiritual, algunas cosas quedaron sin efecto, entre ellas el momento del castigo y quién lo ejecute. No olvidemos que el sábado está dentro de la ley, y que la trasgresión de la ley es pecado (1 Juan 3:4), y que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Y esa muerte, es la ejecución por la trasgresión que se recibirá si no nos arrepentimos y cambiamos de vida.

Observar el sábado ¿incluye "no encender fuego"

El no encender fuego en día de reposo, así como otras normas fueron dadas transitoriamente al pueblo de Israel para que comprendiese el carácter sagrado de ese día. El sábado es un día completamente consagrado a Jehová y por lo tanto, se ordena no hacer obra alguna en beneficio propio, sino de Dios y del prójimo. De acuerdo a Éxodo 16:23 vemos que Dios incluso ha ordenado tener preparada la comida el día anterior al shabat, es decir, el viernes.

Considerando el contexto histórico de la época del Israel cuando le fue dada la norma de no encender fuego en día sábado, debemos tener presente que puesto que el clima era y es relativamente cálido en la zona del Sinaí, el fuego no hubiera tenido otro propósito que el de cocinar. En otras palabras, al dar este precepto (de no encender fuego), Jehová estaba recalcando su deseo de que no se preparase comida en sábado, sino de tenerla lista del día anterior.

Ahora, como es lógico, el ser humano tiende a pervertir el propósito de Dios manifestado en sus preceptos. Los rabinos y las sectas judías han malentendido y malinterpretado de mil maneras los principios divinos. Incluso han añadido muchas normas que no forman parte del mandato de Dios (tradiciones rabínicas). De hecho, algunas sectas judías en la actualidad siguen aplicando estas normas.

Sin embargo, el ejemplo de Jesús es fundamental. En el Nuevo Testamento podemos verlo en los sábados predicando, compartiendo y admirando la naturaleza, creación de su Padre.

Jesús sanó en sábado y permitió que sus discípulos cortaran espigas para alimentarse (Mateo 12:1). Estas conductas fueron consideradas como "transgresiones"del sábado por algunos judíos.

Pero nuevamente ¿quién tiene mayor autoridad para determinar qué era lo correcto y qué lo incorrecto de hacer en sábado? ¿Jesús o los fariseos?. Cristo es el Señor del Sábado (Marcos 2:28), y él con amor reprochó a sus insidiosos acusadores y les dijo: "lícito es hacer bien en el sábado" (Mateo 12:12). No dijo "lícito es transgredir el sábado", sino que "lícito es hacer el bien en sábado", reconociendo implícitamente la vigencia del sábado.

En consecuencia, no podemos unirnos a los judíos y pretender que Cristo transgredió el sábado porque lo que en realidad estaba haciendo era mostrarnos cómo observarlo. Jesús transgredió el sábado según éste era guardado por esos judíos, no cómo El mismo lo instituyó en la Creación (Génesis 2:1-3; Juan 1:1-3).

Cristo nos enseñó con su palabra y ejemplo la verdadera forma de observar el sábado. Una de ellas es hacer obras de misericordia. En Lucas 4:16 vemos que, siguiendo el ejemplo de Cristo, debemos asistir a la iglesia y estudiar las Sagradas Escrituras. En la Biblia no encontramos a Cristo o a sus discípulos haciendo obras seculares en sábado, o dedicándose a la atención de sus negocios o de las tareas comunes de la semana. Conforme al mensaje de Isaías 58:13,14, el sábado es un día para deleitarse en el Señor, haciendo su voluntad, la que incluye entre otras cosas, hacer bien a los demás.

"¿Guardar el sábado es legalismo?"

Para responder a esta pregunta, debemos explicar primero en qué consiste el legalismo.

El legalismo consiste básicamente en la pretensión del hombre de ganar su salvación mediante la observancia de la ley, o de cualquier otra manera aparte de Cristo. "El que está tratando de alcanzar el cielo por sus propias obras observando la ley, está intentando lo imposible" (White, El Deseado de Todas las Gentes, pág.143), "Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él" (Romanos 3:20).

En los días de Jesús el legalismo estaba profundamente inserto en la religión judía. Pero Cristo supo separar lo que era su voluntad y lo que era la voluntad de los hombres, y lo hizo con su propio ejemplo. De hecho si guardar el sábado era legalismo, Cristo fue un legalista y también lo fueron sus discípulos. Pero sabemos que ello no es así. De hecho, Cristo dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).

La Biblia es clara en señalar que la obediencia es fruto de la salvación, no su causa. Dicho de otro modo, el cristiano hace lo correcto porque es cristiano, nunca con el fin de llegar a serlo. El árbol de manzanas produce manzanas porque es un árbol de manzanas, nunca con el fin de convertirse en un árbol de manzanas. Por ello, si guardamos el sábado no lo hacemos para ser salvos, sino porque hemos sido salvados por Cristo!

Es interesante pensar en los fariseos como el ejemplo clásico del legalista. Sabemos que ellos eran hombres muy devotos y religiosos. ¿Por qué cayeron en el legalismo? Y en lo que dice relación con el sábado específicamente: ¿el problema del legalismo está en el sábado mismo o en los observadores del sábado?

Cuando se observa el sábado de la manera equivocada y por los motivos equivocados el sábado deja de ser observado correctamente. La santa y perfecta ley no tiene nada que ver. El problema está, pues, en el hombre, quien continuamente trata de justificarse ante Dios por sus propios medios, rechazando la salvación que Cristo ofrece.

Es necesario comprender que la Ley no puede salvarnos, pero puede mostrarnos nuestra necesidad de ser salvos. La Ley revela nuestras manchas de pecado, pero no puede limpiarlas (Santiago 1:23-25). Sólo Cristo con su preciosa sangre puede purificar nuestras vidas (Gálatas 3:24,25).